Los ocho estadios del yoga

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las partes del yoga

Los ocho estadios o miembros del yoga son:

Yama (abstenciones mentales y morales),

Niyama (disciplinas físicas y mentales),

Asana (posturas),

Pranayama (regulación de la fuerza vital a través de la respiración),

Pratyahara (interiorización, emancipación y control de los sentidos),

Dharana (concentración),

Dhyana (meditación),

Samadhi (éxtasis espiritual).

De acuerdo con Patanjali (fundador del yoga y compilador del principal texto yoguico los Yoga sutras) todos estos estadios o miembros tienen que estar incluídos en el proceso de Sadhana (práctica) para poder alcanzar el ideal del yoga.

Los cinco grandes principios universales de Yama trascienden cualquier definición cultural o religiosa, a saber, Ahimsa (no violencia incluyendo a los animales), Satya (la verdad), Asteya (la no avaricia), Bramacharya (control del placer sensual) y Aparigraha (la no posesión de riqueza más allá de la necesidad). Estos principios disciplinan las facultades de acción del ser humano, las cuales son sus manos, las piernas, los órgano genitales y el habla.

Los principios de Nyama, son Saucha (la limpieza), Santosha (el contento), Tapas (austeridades y el ardiente deseo de autoconocimiento), Swadhyaya (el estudio de la escrituras que ilumina la inteligencia) e Ishwara pranidhana (la entrega al señor). Estos principios purifican las facultades de percepción, es decir los ojos, los oídos, la nariz, la lengua y la piel.

Asana lleva a la máxima expresión estas facultades de acción y percepción dominadas y las armoniza con el funcionamiento orgánico del cuerpo. Asana no sólo consigue todo eso, sino que también conserva los conductos de la totalidad del sistema nervioso libres de obstáculos, de modo que cuando se practica Pranayama, la energía o Prana inspirada está obligada a fluír sobre todas las fibras nerviosas.

Pranayama aquieta las tensiones del cuerpo y de la mente y despliega la brillantez del intelecto. Pratyahara (la renuncia de los sentidos a los objetos que los atraen) ilumina y muestra el camino hacia la autorrealización. Dharana (la concentración y sujeción firme de la mente) y Dhyana (la meditación en la divinidad) hacen que nuestro ser sea conducido a la absorción total en la felicidad eterna, la meta del yoga: el Samadhi.